Un
mundo sin fronteras se hace realidad nada más que con la
música, que es el resultado de un mestizaje milenario, donde
la sedimentación de sones y bailes ha ido tejiendo
históricamente tradiciones distintas bien arraigadas en
lugares diferentes. Pero si hay una música mestiza, es el
flamenco; no en vano su cuna limita culturalmente con África,
América y el Viejo Mundo que terminaba en las provincias de
Sevilla y Cádiz, el umbral de poniente. Y una excelente
muestra de ese punto de encuentro, de ese forum cultural que es el
flamenco, es la obra de Diego del Gastor (Arriate, 1908-Morón,
1973), creador incombustible de sones para guitarra. De toque certero
y facilidad para ligar tonos, supo sacar el mejor partido al compás
creando una escuela que ha triunfado en las últimas décadas
entre tocaores de bajañí, a través
principalmente de la herencia de su toque en sus sobrinos maestros
Diego de Morón, Paco y Juan del Gastor, Agustín Ríos
y Andorrano en el cante y el baile, continuada aquí en sus
sobrino-nietos, Paco de Amparo y Pepe Torres.
Y adaptando lo
que Raúl Rodríguez llama el arsenal (armas de
creación masiva) de falsetas de Diego, nace esta
experiencia: disolver el sonido fraterno del tres cubano en el toque
de Morón.
Las cuerdas de metal, tan propias en
flamencuras de otros siglos, regresan en el tres cubano para fundir,
en acero y nailon, la música deliciosa del maestro. Por
ejemplo, la técnica de mano derecha del tres, muy apropiada
para reinterpretar el magnífico pulgar de Diego, en este disco
se revela en la concertada alzapúa entre Paco de Amparo y Raúl
Rodríguez. O cuando el tono moruno de las falsetas de Diego se
funde en el particular timbre del tres, la cultura morísima
del flamenco se alza, sin aspavientos, por derecho. Y cuanto más
cubano se vuelve el tres, entrando en juego con la guitarra flamenca,
las armonías de Diego adquieren aromas de frutabomba. Las
falsetas del Gastor encendidas, el baile y el cante, todos los
ingredientes para avanzar en nuevas sonoridades, más
auténticas, para el flamenco de hoy.
Soberbio el baile
de Pepe Torres, el sonido armónico de los pies, cuidando la
dinámica de la música, por bulerías, por
seguiriya, por soleá. Y por tangos. Con Manuel Flores y Moi de
Morón, siempre seguros en el compás y en el cante. La
conjugación de los aires bailables con la música de
Diego es rompedora. ¡Totalmente!
¡Qué
reunión paisano! la guitarra de Morón con su
primo el tres cubano.
Faustino
Núñez
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